Año 3, No. 6. Julio de 2001

Hemos hecho camino al andar... en la búsqueda por construir un ambiente de aprendizaje colaborativo

Lic. Patricia Díaz Gómez*
Directora de Preparatoria
Campus Aguascalientes

¿Difícil?  Pero no imposible: El  Aprendizaje Colaborativo.

Es casi media noche, observo la pantalla de mi computadora: está  simulando el papel…  me invita a escribir.  Mi capacidad de asombro aún me entusiasma. Reflexiono por ejemplo, cómo a pesar de mis  diez años  de presencia en un salón de clases, cada inicio de semestre lo vivo como si fuese mi primer día. El  nerviosismo y la emoción persisten. Estoy segura  que en cada uno de nuestros 29 campus esto le sucede a muchos profesores.  Reflexiono también cómo actualmente tanto maestros expertos  y noveles planificamos nuestras clases bajo las premisas de un nuevo modelo educativo. Vamos rediseñando, rediseñando, rediseñando…  Vaya palabra,  ¡rediseño!, me resulta imposible evadirme del encanto que tiene en mí. Hace algunos años cuando la escuché por primera vez, me pareció que aludía a  una meta fácil; sin embargo, hoy me doy cuenta de las implicaciones que tiene el proceso al que designa. Y no hablo sólo del esfuerzo que  implica al profesorado en el plano de lo didáctico, de su práctica docente, sino también de los cambios que supone a nivel institucional. Rediseñar … volver a  diseñar… crear, construir, desarrollar. Me parece que  esta palabra dejará una inmensa huella en la historia del Tec, al significar tantos esfuerzos y esperanzas compartidas en la búsqueda de “formar personas comprometidas con el desarrollo de su comunidad para mejorarla en lo social, en lo económico y en lo político, y que sean competitivas internacionalmente en su área de conocimiento … ” (Misión de Sistema Tec de Monterrey, 1996). En esa búsqueda por desarrollar intencionalmente en nuestros estudiantes, valores  y  actitudes propias del desempeño profesional  orientadas a  promover el bienestar común (honestidad, responsabilidad y  liderazgo…), así como habilidades que  demanda el entorno de trabajo en el nuevo milenio (capacidad de aprender por cuenta propia, cultura de trabajo, capacidad de tomar decisiones … ”  ¿Difícil?  Pero no imposible. 

El modelo educativo del Tec ha  supuesto una nueva cara del proceso de enseñanza-aprendizaje. Los valores, habilidades y  actitudes  se desarrollan intencionalmente. Los alumnos son el centro del proceso, son los responsables directos de su aprendizaje. Es  común observarlos utilizando como herramienta de trabajo, sistemas de cómputo que les permiten acceder  y actualizar sus planes de trabajo, así como enviar y recibir  aportaciones por medio de comunicación sincrónica y asincrónica con sus profesores y compañeros de grupo.

Y, ¿qué ha supuesto para el profesorado? Bajo este modelo educativo el profesor se transforma en guía y apoyo indiscutible para sus estudiantes; observa el comportamiento y la socialización en el salón de clases; les retroalimenta y recibe, a su vez, retroalimentación de parte de ellos (“los patos le tiran a las escopetas”) y, finalmente, también aprende de sus estudiantes. El modelo educativo revalora la importancia del profesor. Si bien valora el manejo de los contenidos tanto  como en la enseñanza tradicional, hoy el maestro además diseña, construye  y comparte con sus estudiantes escenarios de enseñanza-aprendizaje caracterizados por enfoques educativos innovadores que hacen énfasis en el aprendizaje,  contribuyendo así al cumplimiento de la Misión del Tec-2005. 

Hablar de enfoques educativos innovadores que hacen énfasis en el aprendizaje es transformar el salón de clases, es convertir lo rutinario en un descubrimiento permanente de conocimientos y habilidades; es  darse cuenta que los valores existen y que las actitudes que se fortalezcan en el estudiante serán decisivas en su vida futura. 

Varias  son  las estrategias de enseñanza que caben dentro de estos enfoques educativos. Uno de ellas: el aprendizaje colaborativo.  Colaboración significa trabajar juntos para lograr metas comunes (Johnson & Johnson: 1995). Así, el aprendizaje colaborativo (AC)  es una estrategia didáctica que nos permite trabajar con grupos pequeños dentro o fuera del salón de clases. Esto no significa solamente el arreglo de las sillas, la distribución de los alumnos en equipos de trabajo, la distribución de actividades,…; trasciende estos hechos. Tiene que ver con la suma de las habilidades, actitudes, conocimientos y valores de los estudiantes  y, más aún, con el modo en que todos se relacionan y se hacen responsables  de su aprendizaje.

Trabajar colaborativamente no es sinónomo de “reparto” de tarea. De acuerdo con Johnson y Johnson (1995) existen cinco componentes básicos que hacen que la colaboración funcione en el escenario áulico  para incidir en un aprendizaje real. Trabajar colaborativamente implica el desarrollo de la interdependencia positiva, que surge  cuando los grupos desarrollan la reciprocidad y realizan un trabajo de interacción fomentadora cara a cara consciente, que permite a sus integrantes solucionar problemas, conversar acerca de conceptos y “enseñarse” unos a otros lo que han aprendido. La responsabilidad individual es también un factor  importante,  ya que con las aportaciones de cada uno de los integrantes se construye el aprendizaje de  todos; así, la responsabilidad individual permite reafirmar en los estudiantes la necesidad de los demás, haciendo suya la consigna: “Mi éxito es parte de tu éxito”. Los estudiantes en este escenario aportan sus habilidades interpersonales, practican la toma de decisiones, el liderazgo; se comunican  y comparten  procesos de resolución de problemas en  pro de todos. ¡Esto es el mundo real!  En un futuro, nuestros estudiantes tendrán que trabajar con otras personas al ingresar a las empresas; tendrán que mostrar las habilidades  de socializar y procesar información bajo esquemas de trabajo grupal de forma colaborativa. Por lo tanto, un factor que es también determinante en el  aprendizaje colaborativo es el procesamiento del grupo, es decir, el análisis tanto de sus aciertos como sus desaciertos.

En la actualidad, el aprendizaje colaborativo es una práctica pedagógica muy reconocida. Tiene una rica historia de teoría e investigación de la que derivan fundamentos clave que justifican su puesta en práctica en el salón de clases, al poner de manifiesto los beneficios que reporta para el aprendizaje de los alumnos. [1]

Así por ejemplo, la puesta en marcha de actividades colaborativas en el salón de clases permite a los alumnos aprender acerca de la forma en que establecen relaciones con sus compañeros de grupo. Existe una toma de conciencia acerca de lo que favorece o limita las interacciones en las que participan. Al respecto, Sonia, una profesora de Campus León señala: “Los alumnos reflexionan sobre sí mismos y su capacidad de relacionarse con sus demás compañeros. En los reportes que les solicito en cada periodo parcial, durante el semestre, hay reflexiones interesantes sobre qué roles suelen adoptar en grupo, sus actitudes, su disposición y cómo todo ello afecta el desempeño del grupo”.

Por otro lado, este tipo de actividades induce a los alumnos a generar metaconocimiento. Paula, por ejemplo, en un curso de Inglés Avanzado  solicita a sus alumnos la entrega de ensayos escritos elaborados de forma colaborativa. Al evaluar el aprendizaje a partir de esta actividad ella comenta: “Algunos alumnos refieren que aprenden a distinguir entre buenos y malos párrafos al momento de revisar y editar el trabajo de sus compañeros. Esto así, al atender a aspectos tales como: manejo de vocabulario, estructuras gramaticales, propiedades de redacción”.

Asimismo, la puesta en marcha de actividades colaborativas incide en el incremento de la motivación de los alumnos para participar en procesos grupales. Un ejemplo muy evidente es el comentario realizado por Sonia al comparar la conducta  de su grupo de alumnos en un curso de Lenguaje y Expresión II, organizado con base a actividades colaborativas: “Uno de los resultados más positivos es que, en general, en el  grupo se generó un buen ambiente de trabajo. La profesora que trabajó con este mismo grupo el semestre anterior (en el curso de Lenguaje y Expresión I), lo calificó de acuerdo con su experiencia, como un ‘grupo autista’. Un día invité a esta maestra a observar una de mis sesiones de clase y quedó sorprendida. Quizá sí tiende a ser un grupo menos participativo que otros, pero a mí no me resulto difícil ponerlos a trabajar”.

Sin duda, la puesta en marcha del aprendizaje colaborativo en el salón de clases es todo un reto. Supone una concepción distinta del proceso de enseñanza-aprendizaje…¿ Difícil ? Pero no imposible. 

Aún, el día de hoy, la palabra rediseño me apasiona. Reconozco lo mucho que he aprendido, pero también, lo que me queda por aprender. Hace dos años (y al cabo de otros dos años de haber iniciado formalmente el proceso de cambio educativo a nivel institucional), tenía apenas una idea de las bondades que ofrecía trabajar bajo el enfoque del aprendizaje colaborativo en el salón de clases.

Creando condiciones para lograr el aprendizaje colaborativo.

La distinción entre “cooperar” y “colaborar” me tomó por sorpresa en Vancouver, donde en compañía de otros 29 profesores en el verano del  2000, tratábamos de aprender y entender  de qué hablábamos al referirnos a aprendizaje colaborativo. Con la ayuda de los expertos en este enfoque de la Universidad de British Columbia, aprendimos  en qué consiste, cómo llevarlo a cabo en el salón de clases y sus implicaciones para el proceso de enseñanza-aprendizaje. Reflexionando sobre estas ideas, entiendo que  cooperar significa “trabajar juntos para lograr metas comunes” (Johnson & Jonson:1995) en tanto que, colaborar -de acuerdo con Ted Panitz-,  es una filosofía de interacción y un estilo de vida. De modo que, de cooperativo a colaborativo, ese era y sigue siendo el reto: crear situaciones de trabajo y actividades concretas que permitan internalizar una filosofía de interacción y un modo de trabajar colaborativamente.

Al regreso de Vancouver era más claro el panorama. Sabía que teníamos que correr riesgos al intentar llevar  la teoría a la práctica. En mí, la expectación y la emoción de entonces aún persisten, y estoy segura  que en cada uno de nuestros 29 campus esto también le sucede a muchos profesores.  Construimos, entonces, puentes virtuales y presenciales de ayuda y apoyo mutuo en el que nos contábamos nuestras historias de aciertos y desaciertos. Se ofrecieron cursos presenciales de aprendizaje colaborativo en donde los 29 profesores del grupo de Vancouver, denominado “Facilitadores 1” (1 por ser el primer grupo) participaron a lo largo del semestre enero-mayo del  2001 en la capacitación o facilitación del aprendizaje de todos aquellos  profesores que deseaban conocer más a fondo la estrategia; fase que hemos denominado en el Tec: “Taller multiplicador.”

El  proceso de capacitación fue creciendo en número de profesores y con ello también los retos. Necesitábamos construir todos juntos una red de colaboración donde cada quien  le diera la mano al “otro” en una cadena sucesiva de apoyo mutuo; generando así, como grupo de profesores, una interdependencia positiva.

Los números oficiales crecían... 29 facilitadores, 120 profesores en el taller multiplicador, y, ¡realmente multiplicador!, ya que cada uno de estos profesores estaban diseñando y poniendo en marcha actividades en el salón de clases para promover el aprendizaje colaborativo. 

Los profesores participantes en el taller multiplicador consideran que el uso de la técnica repercute positivamente el aprendizaje de sus alumnos. Por ejemplo, Jacqueline Gage, profesora de Campus Ciudad de México, comenta:

“Trabajar bajo el enfoque del aprendizaje colaborativo es benéfico para el aprendizaje de mis estudiantes. Es particularmente benéfico en amplios proyectos de investigación y en la realización de presentaciones orales. Los estudiantes pueden colaborar y trabajar realmente juntos, para alcanzar algo que de forma individual no les sería posible lograr. Este tipo de actividades permiten poner en práctica la habilidades que son propias del aprendizaje del inglés como segunda lengua, por ejemplo: ler, escribir, hablar y escuchar.”

En un sentido similar, Antares Guadalupe Vázquez de Campus León  señala:

“Definitivamente sí están aprendiendo lo relativo a la materia de manera más eficiente, dado que ellos mismos están construyendo el conocimiento. Adicionalmente, están adquiriendo habilidades, actitudes y valores como la tolerancia, la solidaridad, la colaboración, el pensamiento crítico, el respeto, etc.”

Es cada vez más frecuente escuchar por parte del profesorado, comentarios como los anteriores. Indudablemente, este esfuerzo ha supuesto logros importantes. Ha incidido, por ejemplo, en la modificación de los roles y las relaciones entre alumnos y profesorado; la creación de relaciones de independencia y no tanto de dependencia, entre el alumnado; un incremento del sentido de responsabilididad de los alumnos; y cambios en el modo de concebir el proceso de enseñanza-aprendizaje. Y más aún, ha despertado un interés más genuino en la implantación del aprendizaje colaborativo.

Toda esta experiencia supone para el Tec de Monterrey un laboratorio de investigación  educativa viviente!

Cada día descubrimos y redescubrimos el camino hacia mejores formas de educar...

Y seguimos avanzado… Los aprendizajes en el menú de tres semanas de intenso trabajo.

Este verano 2001,  el grupo de “Facilitadores 1” y un nuevo grupo de profesores denominado “Facilitadores 2”, asistimos a un taller de aprendizaje colaborativo en la Universidad de Austín en Texas,  en colaboración con la Universidad de Minnesota. Así, tres universidades de clase mundial trabajando colaborativamente.

El curso estuvo coordinado por el  Dr. Paul Resta (Director del El Centro de Aprendizaje y Tecnología), líder en tecnología y trabajo colaborativo a distancia.  Una vez más las “lap top” se hicieron nuestras aliadas. Probamos del mejor menú las delicias del diseño y la práctica  de actividades colaborativas  a distancia y tuvimos, además, la oportunidad  de conocer herramientas computacionales que nos ayudarán a realizar el trabajo colaborativo a  distancia  de un modo más efectivo. A la par del Dr. Resta,  la Dra. Edythe Johnson Holubec, quien como portadora de la experiencia de David y Roger Jonhson, co-directores del Centro de Aprendizaje  Cooperativo de la Universidad de Minnesota, nos ayudó en la consolidación de las bases y principios en que se fundamente la práctica del aprendizaje colaborativo.

Además de conocer y gozar del carácter del Dr. Resta, siempre disponible y flexible a los cambios, con una sonrisa y toda la experiencia del mundo en sus manos, el aprendizaje más significativo para mí ha sido conocer y diseñar actividades colaborativas en línea como por ejemplo: formación e integración de equipos de trabajo virtuales, así como el seguimiento, evaluación y  roles que los integrantes de un equipo virtual que los alumnos pueden adoptar; la creación y desarrollo de artículos de opinión elaborados en línea, utilizando herramientas computacionales que nos dan la oportunidad de seguir las contribuciones individuales de todos los integrantes del equipo; y, finalmente, una actividad que fue mi preferida por lo rico de la experiencia y los resultados obtenidos: el diseño de una actividad  totalmente en línea siguiendo los requisitos y el tutelaje del equipo del Dr. Resta, a partir de los “WebQuest [2]

Comparto la reflexión del profesor  Tom Salsbury de Campus Ciudad de México respecto a la actividad:

“Estoy llegando al final de largos días de trabajo y es la primera vez que he tenido, realmente, tiempo de reflexionar sobre algo.

Primero, los aspectos positivos… Estoy muy contento con los “webquest” que Nico, Jenniffer y yo estamos desarrollando para el proyecto final de este curso. Realmente, cada uno nos estamos enriqueciendo de las ideas de los otros y estamos dejando trabajar a nuestra imaginación. Más importante aún, estamos siendo productivos, Por supuesto que no terminaremos de pulir la actividad, pero el concepto está ahí y, lo más importante es que seremos capaces de continuar con este proyecto una vez que regresemos a nuestros respectivos campus. Cada uno de nosotros tres tenemos incorporado los “webquest” a nuestros cursos.

Tener tiempo para colaborar con mis colegas ha sido lo mejor del curso. Desafortunadamente, no hemos tenido suficiente tiempo para trabajar en nuestros proyectos colaborativos. Esto es lamentable debido a que cuando regresemos a nuestros campus, no tendremos la oportunidad de trabajar con la misma intensidad. Obviamente, podremos trabajar en línea, pero tendremos otros compromisos y el foco de atención se perderá un poco.

Entiendo que nuestras agendas nos dejan un menor espacio temporal comparado con el que aquí hemos tenido. Sin embargo, por esta misma razón, pienso que en un curso bajo el enfoque del aprendizaje colaborativo es esencial que los participantes tengan el tiempo suficiente para trabajar productiva y significativamente.”

Esta experiencia permitió que, como profesores, cotidianamente viviéramos realmente el aprendizaje colaborativo. Nos conocíamos mientras nos  divertíamos. Así por ejemplo, la profesora Imelda Armenta comenta:

“Hoy terminamos nuestro “webquest”… Estoy contenta porque la actividad la realizamos colaborativamente!!! Vivimos la experiencia de trabajar juntos y alcanzar el mismo objetivo poniendo en práctica nuestra habilidades sociales. Encontramos algunos problemas, pero los resolvimos.”

Siguiendo y guiando nuestros pasos: la  Dr. Marilla Svinicki, quien con capacidad y paciencia escuchaba nuestros  problemas en español,  mismos que traducía al inglés; para ella, toda una aventura... ¡tratar de entender la dinámica de 29 campus  en tan solo tres semanas! Marilla, fue clave para ayudarnos a tener una visión más clara de lo que nos esperaba al regreso.

De postre, al finalizar cada día, la reflexión individual y grupal de las necesidades y retos  que implica el diseño de actividades para llegar a la meta y hacer que realmente el cambio se dé en los salones de clases. Conocer  cada campus y cada zona  que forman el Tec de Monterrey, soñar para poder crear las condiciones idóneas que permitan seguir consolidando el aprendizaje colaborativo. Al respecto la profesora Marilú Casas de campus Morelos nos comparte sus pensamientos:

 “Estuve trabajando todo el día, y ha sido valioso. Mariela y yo hicimos buen trabajo al diseñar nuestra actividad colaborativamente. Han salido buenas ideas para nuestros cursos.

Además, trabajé en el plan de acción para nuestro campus con María, Rocío y Crisanto, y desarrollamos objetivos de mucho alcance. Ahora vamos cargando sobre nuestros hombros con grandes expectativas. Contamos con mucha energía y sentimos que podemos cumplir con todo!”

El camino hoy es más seguro, cada día más profesores están convencidos de que el aprendizaje colaborativo es un medio efectivo para “...formar personas comprometidas con el desarrollo de su comunidad para mejorarla en lo social, en lo económico y en lo político, y que sean competitivas internacionalmente en su área de conocimiento … ”. La Misión no ha cambiado, hemos cambiado nosotros, quienes con nuestros conocimientos, habilidades y actitudes podemos hacerla factible.

Bibliografía:

Johnson y Johnson. (1995). Los nuevos círculos de aprendizaje: Cooperación en el salón de clases y en la escuela. ASCD. E.E.U.U.

Prescott, Susan. (1996). Material presented at the University of Tennessee at Chattanooga Instructional Excellence Retreta.

Vicerrectoría Académica, ITESM. (1998). Hacia un nuevo modelo del proceso de enseñanza-aprendizaje basado en la Misión del Tecnológico de Monterrey para el año 2005. ITESM. México

Vicerrectoría Académica, ITESM (1999). Aprendizaje colabarativo. ITESM . México

Referencias electrónicas:

Aprendizaje colaborativo. (1999, Junio). RED 2. [En línea]. Disponible:

http://www.sistema.itesm.mx/va/dide/red/2/home.html

Dodge Bernie. Building Block of a WebQuest (1997) Disponible:http://edweb.sdsu.edu/people/bdodge/webquest/buildingblocks.html. (7/8/2001)

Dodge Bernie.  A WebQuest About WebQuests . (200). Disponible: http://edweb.sdsu.edu/webquest/webquestwebquest-hs.html. (7/8/2001)

Johnson D.; Johnson R. (s/f). An overview of cooperative learning [Online]. Available: http://www.clcrc.com./pages/overviewpaper.html



* Mi proceso de escritura ha quedado enriquecido gracias a los comentarios y las observaciones oportunas de dos colegas: Patricia Sevilla y Francisco Ayala. Esta experiencia se ha convertido, en sí misma, en una experiencia colaborativa; en una experiencia de trabajo colaborativo en línea.

[1]     Los antecedentes teóricos e investigaciones acerca del  AC se han fundamentado al menos en tres perspectivas teóricas: Teoría de interdependencia  social, teoría cognitiva del desarrollo y teoría de aprendizaje por el comportamiento. Cada una de estas teorías aporta de manera sustancial elementos que justifican su puesta en práctica en el salón de clases.  La primera teoría señala que los resultados del trabajo grupal están determinados por el modo en que se establecen las relaciones entre los individuos. La teoría cognitiva del desarrollo  afirma que durante una sesión cooperativa, los estudiantes participan e interactúan entre si para resolver conflictos cognitivos; de este modo, el metaconocimiento es generado y los alumnos reaprenden o corrigen razonamientos inadecuados. Finalmente, la teoría del aprendizaje por el comportamiento establece que los refuerzos  del grupo hacia las conductas de los integrantes y el aprendizaje fomentan la motivación intrínseca de participar en el proceso.

[2]   Los WebQuest representan una forma efectiva de analizar y resolver un problema o pregunta usando recursos basados en Web. Bernie Dogge (1999) describe que un WebQuest “Representa un proceso orientado al descubrimiento, en el cual parte o toda la información y recursos que los estudiantes necesitan para interactuar se encuentra en Internet.

Es una actividad colaborativa basada en web en la cual se presenta a los alumnos una tarea con un problema o un escenario de reto. El proceso de actividades en WebQuest requiere que los alumnos analicen y siteticen la información y además logren sus propias soluciones de manera creativa al problema específico, pregunta o tema presentado.